La importancia de la conservación de la comunidad microbiana edáfica para la sostenibilidad de los sistemas agrícolas

“No existe suelo sobre la superficie de Marte o de Venus”, redactaron Lynn P. Alexander (mejor conocida como Lynn Margulis) junto a su hijo Dorion (2002); y luego continúan: “los suelos son una clase de tejido exclusivo de nuestro planeta vivo”. El suelo es un sistema multifuncional y multicomponente con límites definidos, y naturalmente es un recurso no renovable. Su matriz está conformada por sólidos inorgánicos y orgánicos complejos dispuestos de tal manera que forman una red ininterrumpida de poros y cavidades microscópicas, y “canales vivos” formados por hifas (células fúngicas) y raíces que, dicho sea de paso, están íntimamente conectadas entre sí. Los microporos forman un espacio continuo por donde circulan gases y agua con sales y moléculas orgánicas solubles. Además, en la superficie, es decir, sobre las paredes internas de esa red interconectada de canales, poros y cavidades, se encuentran y reproducen numerosas especies de bacterias y otros microorganismos.

 

 

Sí, para la perplejidad de algunos/as, el suelo posee un componente abiótico que resulta ser el ambiente físico (y químico) que sustenta el desarrollo de un gran ecosistema formado por micro y macroorganismos, conjuntamente referidos como la biota edáfica. Invocando nuevamente a Lynn y Dorion, y haciendo referencia a los suelos: son “húmedos, fértiles y repletos de células protistas y de otros organismos”.

 

Los agroecosistemas en el mundo dependen del ecosistema suelo para la producción de alimentos y fibras aprovechables por la humanidad, siendo la comunidad microbiana (microbiota) edáfica el componente biótico con mayor capacidad moduladora sobre el comportamiento de los cultivos. Es por ello que en la actualidad la comunidad microbiana edáfica se encuentra en el foco de la comunidad científica que busca mejorar la calidad y/o salud de los suelos agrícolas.

 

La microbiota edáfica normalmente se concentra entre los 5 y 15 cm de profundidad; no obstante, tanto la abundancia, densidad y diversidad de grupos funcionales (microorganismos solubilizadores y movilizadores de fósforo, fijadores de nitrógeno, productores de compuestos bioactivos, etc.) varían ampliamente en función de varios parámetros que definen la naturaleza física del propio suelo (tipos de suelo). A saber: composición de la roca madre, el input de materia orgánica, las precipitaciones/humedad, la temperatura, el pH, la granulometría o porosidad, la cobertura vegetal y la actividad humana (especie vegetal cultivada, rotación, frecuencia de aplicación de agroquímicos y compactación del suelo con maquinaria pesada).

 

Particularmente, los sistemas agroproductivos destinados a la producción industrial de granos, semillas y forraje dependen, sino completamente, en gran medida de la aplicación de fertilizantes, pesticidas y herbicidas de origen sintético. El actualmente dominante modelo de agricultura intensiva está íntimamente asociado al deterioro de la calidad y/o pérdida de salud de los suelos del agroecosistema debido a, entre otros efectos, la eliminación de la microbiota edáfica.

 

 

Es oportuno parafrasear el manuscrito publicado en 2007 por Swift y colegas (Reino Unido), quienes sintetizan que la característica única del componente biótico del suelo es su capacidad de adaptación, por medio de la selección natural, a las circunstancias ambientales. Se advierte que, del mismo modo que posee capacidad de adaptación, posee resiliencia frente a disturbios cuando la comunidad es lo suficientemente compleja. Además, ante un disturbio prolongado y agresivo, la microbiota se ve negativamente afectada. Por ejemplo, un suelo con elevadas concentraciones de nitrógeno sintético artificialmente incorporado impide o perjudica la proliferación de aquellas bacterias capaces de transformar nitrógeno gaseoso atmosférico en una forma de nitrógeno capaz de ser absorbido y utilizado para el desarrollo vegetal.

 

 

Siendo el suelo agrícola un subsistema del agroecosistema, la salud del suelo es central en el concepto de agricultura sostenible. Este se puede definir, según los ya mencionados Swift y colegas, como: “Un suelo agrícola sano es aquel que es capaz de sustentar la producción de alimentos y fibra, en un nivel y con una calidad suficientes para satisfacer las necesidades humanas, junto con la prestación continua de otros servicios ecosistémicos que son esenciales para el mantenimiento de la calidad de vida de los seres humanos y la conservación de la biodiversidad.”

 

 

Finalmente, y haciendo referencia al ejemplo mencionado anteriormente, se puede plantear la siguiente pregunta, que conlleva un matiz antitético al método convencional de realizar agricultura ¿sería posible incrementar la fertilidad de los suelos agrícolas estimulando la proliferación de las bacterias fijadoras de nitrógeno que forman parte de la comunidad microbiana edáfica nativa (CoMiENa) del suelo en cuestión?

 

Autor: Andrés Gustavo Jacquat

 

Bibliografía:

García de Salamone, I. E. (2011). Microorganismos del suelo y sustentabilidad de los agroecosistemas. Revista Argentina de Microbiología (2003) 43: 1-3

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Kibblewhite, M. G., Ritz, K., & Swift, M. J. (2008). Soil health in agricultural systems. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 363(1492), 685-701. doi: 10.1098/rstb.2007.2178.

Margulis, L., & Sagan, D. (2002). Acquiring genomes: A theory of the origin of species. New York, NY : Basic Books.

Nosheen, S., Ajmal, I., & Song, Y. (2021). Microbes as biofertilizers, a potential approach for sustainable crop production. Sustainability, 13(4), 1868. DOI:10.3390/SU13041868.

Tecon, R., & Or, D. (2017). Biophysical processes supporting the diversity of microbial life in soil. FEMS microbiology reviews, 41(5), 599-623. doi: 10.1093/femsre/fux039.

Verdenelli, R. A., Dominchin, M. F., Barbero, F. M., Pérez-Brandán, C., Aoki, A., Gil, S. V., & Meriles, J. M. (2023). Effect of two broad-spectrum fungicides on the microbial communities of a soil subjected to different degrees of water erosion. Applied Soil Ecology, 190, 104984. Doi: https://doi.org/10.1016/j.apsoil.2023.104984.

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